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Dedales
Digitalis
purpurea |
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| Elaborado
por Ricardo G. Llombera |
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Familia:
Scrophulariaceae.
Etimología:
Digitalis
(del latín: digitus = “dedo”), purpurea
(del latín: purpureus,-a,-um = “purpúreo”).
Por tanto, su nombre científico hace referencia a la forma
de la flor, la cual encaja con facilidad en el dedo humano y a
su color púrpura.
Distribución: Buena
parte de la península, aunque es más escasa en la
zona mediterránea.
Hábitat:
Roquedos,
bosques aclarados, montañas. En general rehuye los terrenos
calcáreos prefiriendo los silíceos. En estado silvestre
se suele encontrar en terraplenes, en los claros y linderos de
bosques húmedos o entre peñascos en zonas montañosas.
Descripción:
Se
trata de una planta
bienal, es decir,
que su ciclo vital consta de dos años. En el primer año
de vida no produce flores y forma una roseta
de hojas basales,
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afieltradas,
Ovoideo-lanceoladas;
su apariencia es muy distinta
a la definitiva que adquirirá durante el segundo año;
es entonces cuando tiene un porte característico, con un
largo tallo que puede medir hasta los dos
metros
y en cuyo extremo se sitúan (hacia un lado) las flores, que
caen como en cascada.
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Hojas:
Se
encuentran a lo largo del tallo, son ovado-lanceoladas, gruesas
y dentadas,
simples,
alternas
y con el envés
grisáceo finamente texturado y con
el haz
rugoso-reticulados,
haciéndose más pequeñas hacia la cima del
tallo.
Floración: Florecen
de junio a septiembre, dando lugar a una cápsula.
Flores:
Son
campaníformes-tubulares
de hasta 5 cm. de largo (con forma de dedal,
y de ahí su nombre vernáculo), con pétalos
de color púrpura con bordes más
claros en la garganta, en cuyo interior cuenta con una cantidad
variable
de máculas. Forman
racimos
bracteados
colgantes, terminales y unilaterales.
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Frutos y
semillas:
El fruto es una cápsula ovoide,
dehiscente
por septos,
en cuyo interior podemos encontrar gran cantidad de semillas que
son dispersadas por el viento.
Característico:
El color de sus flores y su disposición en el extremo de
los tallos en forma de cascada y orientadas todas hacia un único
lado,
es lo más característico de esta planta que la hace
fácilmente reconocible.
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Especies parecidas:
En la provincia de León existen referencias a una subespecie,
Digitalis purpurea subsp. purpurea, muy parecida,
pero todas alejadas de la comarca. Además, en la comarca
se da otra especie, la Digitalis parviflora, de la que
se distingue fácilmente porque ésta presenta una coloración
de las flores pardo-rojiza con venas violáceas y tonos amarillentos
en el interior de la garganta que le da un aspecto de flores agostadas,
pero sobre todo porque se presentan alrededor del tallo y no sólo
en uno de sus lados como es el caso de la que nos ocupa. |
Recolección:
Debido a su toxicidad se recomienda abstenerse de llevar a cabo
tal menester.
Propiedades
medicinales:
Atención, ¡tóxica!
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Por su contenido
en heterópsidos cardiotónicos presenta una marcada
acción sobre el corazón, capaz de modificar el ritmo
aumentando la contractibilidad cardiaca. Se emplea con precaución
en cardiopatías descompensadas y en insuficiencias cardiacas
y arritmias. También tiene acción diurética
por contener flavonoides y saponinas.
Es una planta muy tóxica, por lo que se debe emplear exclusivamente
bajo supervisión de un médico especialista.
Esta planta
es cultivada por la industria farmacéutica para la obtención
de estas sustancias y la posterior elaboración de medicamentos,
pero
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dada la variación
de potencia de esta planta según la zona de cultivo, época
de recolección, forma de secado, etc., así como
a su alta actividad, en la actualidad se tiende a utilizar digitálicos
semisintéticos que provienen de la propia planta pero que
están sometidos a unos tratamientos con el objeto de darles
una actividad homogénea y definida, única forma
de conseguir un tratamiento racional.
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Precauciones:
¡Tóxica!
No hay que dejarse engañar por la espectacularidad de esta
planta, ya que es muy tóxica. Sus hojas contienen una poderosa
toxina, la digitoxina, que afecta al funcionamiento cardiaco.
Extremadamente venenosas si se consumen, el extracto del principio
activo ha sido empleado como medicación para la arritmia
y otras deficiencias cardíacas desde fines del siglo XVIII.
La digitoxina
y la digoxina están presentes en las hojas, flores
y semillas de la dedales, a la que protegen de los predadores.
Su ingesta es fatal con frecuencia. Actúan inhibiendo la
enzima sodio-potasio ATPasa, por lo cual se incrementa el calcio
intracelular. Ese incremento produce un efecto inotrópico
positivo.
También
se produce un efecto vagal en el sistema nervioso parasimpático,
y por esta razón se utiliza en la regulación de
las arritmias cardiacas y para enlentecer las pulsaciones del
ventrículo en la fibrilación ventricular. Debido
al efecto vagal la digital no tiene efectividad cuando el paciente
tiene el sistema nervioso simpático al límite, lo
cual es el caso de las personas gravemente enfermas.
La toxicidad
de la dedales (intoxicación digitálica) es el resultado
de una sobre dosificación y produce una visión ictérica
(amarilla) y la aparición de visión de perfiles
desdibujados (halos), además de bradicardia en casos extremos
que pueden desembocar en muerte por síncope cardíaco.
Uno de los efectos secundarios de la dedales es la reducción
del apetito.
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Curiosidades:
Dijo Paracelso (médico y alquimista
suizo. Zurich 1493-Salzburgo 1541) que “todo es veneno y
nada es veneno. Tan sólo la dosis hace que algo no sea
un veneno”, dando a entender que el término veneno
es algo relativo, y efectivamente, el caso de la dedales ilustra
perfectamente esta afirmación. Esta especie contiene unos
30 heterópsidos cardiotónicos, como la digitoxina,
la digitoxigenina o la gitaloxigenina. Todos ellos actúan
sobre el corazón regulando su ritmo, aunque en dosis superiores
a las terapéuticas, pueden provocar la muerte.
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Años
atrás, cuando se vivía más del campo y la
ganadería y era corriente que los niños ayudaran
en las labores de pastoreo y cuidado de los animales de la familia,
solían ser reconvenidos sobre la importancia de no jugar
con las flores de esta planta, dado lo llamativo de su forma y
color, con el fin de evitar los peligros de
su ingesta, hasta el punto
que algunos aún recuerdan las regañinas y castigos
sufridos por haber sido sorprendidos por algún adulto llevando
“dedales” colocados en sus dedos.
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