Excursión
Llombera--Cueto
San Mateo
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| Tiempos: |
Parcial |
Acumulado |
| Llombera
1.240 m. |
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0’00
h |
| Collá
Gustillo 1.366 m. |
20’ |
0’20
h |
| Collalampa
1.320 m. |
10’ |
0’30
h |
| Base de
la ladera E del Cueto (La Corredera) 1.475 m. |
25’ |
0’55
h |
| Cumbre
del Cueto San Mateo 1.603 m. |
17’ |
1’12
h |
| Collá
La Muria 1.386 m. |
40’ |
1’52
h |
| Samés
1.310 m. |
9’ |
2’01
h |
| Collá
Gustillo |
25’ |
2’26
h |
| Llombera |
15’ |
2’41
h |
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MAPA
DEL RECORRIDO |
Para esta excursión
iniciaremos el camino en el crucero aledaño a la iglesia.
Allí existe una
fuente inaugurada en el año 1913 y construida por la
empresa minera Hullera Vasco-Leonesa, donde recogeremos agua para
el camino de ida.
Nos dirigimos al norte subiendo la empinada calle donde a los
pocos metros existe un cruce,
tomando la que continúa en ascenso de frente, que luce
una placa en honor del famoso naturalista Félix Rodríguez
de la Fuente. Vamos dejando atrás diversas casas hasta
llegar a la última, la que está situada a mayor
altitud, donde la calle se transforma en sendero que, unos diez
metros más arriba, se une con un camino de carros junto
a otra fuente y pilón.
Aquí debemos torcer a la izquierda, siguiendo este camín
a media ladera desde el que se disfruta de hermosas vistas. Vamos
dejando atrás prados de siega y tierras de labor actualmente
sin uso y al acercarnos a unos grandes chopos a la vera del camino,
ya se puede divisar al fondo la Collá
Gustillo, amplia abertura entre
la peña La Cerra
al sur, formada por blanca roca caliza y bordeada de un pequeño
faedo y el Alto La Solana a la derecha, cuya
ladera está cubierta de escobas y algunas matas de rebollas.
Pasando las tierras de Gustillo, -claro ejemplo del uso tradicional
de bancales o terrazas para transformar las laderas inclinadas
en tierras de labor para su mejor aprovechamiento- alcanzamos
la collada del mismo nombre, (1.366 m) desde donde se obtiene
la primera y más espectacular vista del imponente Cueto
San Mateo, que se yergue vertical al fondo, elevándose
en un perfecto triángulo sobre la vega de Samés.
La estampa resulta más impresionante si cabe, gracias al
enorme socavón que se abre a nuestros pies y que nos separa
del Cueto: la famosa hondonada de Vega
Fonda. Podríamos atravesarla para alcanzar
los prados de Samés, pero nos haría perder muchos
metros de altura que después deberíamos recuperar
de nuevo pero, afortunadamente, podemos bordearla por el norte,
por el conocido como Camín
de Valdejave, cuyo nombre parece hacer referencia
a una antigua piedra o estela dedicada al dios romano Júpiter,
que acabaría derivando en Jueves y posteriormente
en Jave.
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El
camino tradicional desaparece poco más allá,
al haber sido remodelada la zona por las actuaciones
de la mina a cielo abierto
existente desde hace muchos años en la zona,
pero en lo esencial, aquí las escombreras han
dejado el terreno con unas modificaciones paisajísticas
no excesivamente graves, así que, donde el
camín desaparece en la escombrera, nace ahora
una pista que más o menos discurre por donde
lo hacía antaño éste y que conduce
donde en su día se abría la ancha collada
de Collalampa o Collá Lampa, desde la que el
camín se precipitaba en pronunciado descenso
buscando el pueblo de Santa Lucía.
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Existe
una historia que narra que los pueblos de Samés,
Vega Fonda y Las Cribas, fueron quemados por "un
Conde" como castigo porque sus arrendatarios no
pudieron hacer frente a sus rentas por la mala cosecha.
Al parecer, mientras el Conde contemplaba "su obra"
desde el Alto de la Corredera cuentan que exclamó:
¡Arre! mi caballo blanco,
que me quemo, que me alampo;
¡arre! mi caballo negro,
que me alampo, que me quemo.
De ahí, según la leyenda, el nombre de
Collá Lampa, porque "lampo" proviene
del verbo en latín -lampare: brillar-
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Vemos a la izquierda la fecunda Vega
Fonda cerrada al sur por las verticales paredes
de las peñas La Cerra a
la izquierda y Chafariza
a la derecha, y entre ambas, una amplia escotadura que las
separa, permite divisar las chimeneas
industriales de La Robla. Bordeando hacia poniente Vega
Fonda, sale una pista que lleva horizontalmente a Samés,
siendo este el camino que utilizaremos a la vuelta. Pero ahora
nos encaminamos hacia un espeso rebollar que nace al pie de
las primeras laderas inclinadas de La Corredera,
una enorme llomba (loma) que entronca con el Cueto por su
cara este y que separa Samés de las vallinas que vierten
aguas hacia Santa Lucía.
Cuando nos vamos acercando al rebollar, con tendencia ligeramente
hacia la cara sur de la Corredera, llegamos a una amplia explanada
artificial, de donde salen dos pistas. Una, a nuestra derecha,
se dirige hacia el “canto” donde nace
o muere, según se mire, esta gran loma y al poco se
empina en zig-zags de manera apreciable. Esta era la mejor
manera hasta hace unos años de alcanzar el lomo de
la Corredera, pues aunque ascendía de manera brusca,
tenía la ventaja de poder atravesar fácilmente
el espeso y torturador rebollar. Ahora resulta más
fácil utilizar una nueva pista que se interna en diagonal
y en moderada ascensión por la ladera sur de La Corredera
abriéndose paso por su espeso rebollar, y llegando
al fin hasta su mismo lomo.
Una vez aquí, y libres del incordio que suponen las
rebollas para caminar, nos dirigimos hasta donde la tierra
de la llomba se abre de pronto y se alza vertical la roca
caliza del augusto Cueto San Mateo (1.475 m).
La ruta de ascensión es evidente, como se dice por
el lugar, a pico morro, es decir, de manera directa por la
ladera este. Una vez superada más de la mitad de la
ascensión, se vira ligeramente a la derecha, pues aparece
un pequeño espolón en forma de muralla baja
que nos obliga a bordearla en franca ascensión. Es
un tramo corto y cuando el espolón desaparece, nos
encontraremos de sopetón a escasos metros al norte
de la ansiada cumbre. Tornaremos al sur para alcanzar ésta,
donde se ubica desde hace años un pivote de cemento
levantado por el Instituto Geográfico Nacional, como
vértice geodésico de segundo orden.
La vista desde esta magnífica atalaya es grandiosa.
Todas las tierras de Gordón se abren a nuestros pies
y si el día tiene la atmósfera en buenas condiciones,
se alcanza a divisar por el oriente hasta el Pico Espigüete
con su inconfundible mole piramidal, que hace límite
entre Palencia y León. Destacan también, bastante
más cercanas, peña Galicia, peña Valdorria
y el pico Polvoredo o Correcillas, con el blanco reluciente
de sus rocas calizas. Al occidente se divisa en primer plano
la cuerda que desde el pico Fontañán, -casi
tocando La Robla- se desplaza hasta el pico Pedroso sobre
la collá de Aralla, pasando antes por el pico Amargones,
en cuya ladera se acomoda el pueblo de Los Barrios. Al septentrión,
destaca el Pico Machacao, calizo como
el Cueto, sobre Villamanín y tras él, el gigante
de la zona, el
Brañacaballo, que con sus 2.181 metros de altitud
es la máxima altura entre los macizos de Mampodre y
el de Peña Ubiña, la cual se divisa al NO.
Únicamente se le puede poner un pero a la soberbia
belleza de las tierras que circundan esta atalaya privilegiada,
y no es otro, que la mordedura descomunal que el progreso
industrial ha propinado a estas tierras, dejando una herida
sangrante con la
mina a cielo abierto, situada al mismo pie de esta montaña
en su zona noreste. A pesar de ello, siempre nos queda el
consuelo de descansar dando la espalda a esa atroz visión
mientras nos dejamos acariciar por la brisa gallega.
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En la cumbre
existe una maltrecha y sencilla
cruz metálica con placa y un pequeño buzón
de cumbres, colocada hace muchos años por el grupo
de montaña “Collalampa” de la localidad
de Santa Lucía. En la placa reza una leyenda con la
altura que en su época figuraba en los mapas oficiales
y que hoy, con la mejora de las técnicas apropiadas,
ha sido modificada al alza, fijándola en 1.603 metros
sobre el nivel del mar.
Existe una variante rápida de descenso a Samés,
que discurre por una canal vertical, llamada La Vara Estrecha,
pero la dejaremos para otra ocasión, resaltando que
suele presentar ligeros problemas para localizar su acceso
superior.
Por ser más sencilla y además permitirnos visitar
la famosa Cueva del Santo, donde se dice que llevó
su vida de eremita San Mateo; es por lo que abandonamos la
cumbre con la vista puesta en Los Barrios, siguiendo la loma
cumbrera en dirección oeste, hasta que vemos a nuestra
izquierda, -es decir, el sur- una pared que se desploma vertical
cual muralla y de la que nos separa una cuencha o
canal bastante abierta que parece conducir directamente a
su pie.
No debemos descender por el centro de la canal, si no que,
bordearemos la cuencha por su parte superior hasta donde toma
neta dirección al sur y se inclina cada vez más,
conduciéndonos casi justo enfrente de la gran abertura
de la Cueva del Santo, situada al pie del desplome vertical
antedicho.
Nos dirigimos hacia ella bajando con cuidado los pocos metros
que nos separan, para lo cual en algún momento se deben
usar las manos, pero sin dificultad alguna. La cueva no es
muy profunda, y quizá sólo tenga el atractivo
de su historia, pero en su suelo arcilloso se pueden encontrar
fácilmente restos de tejas que al parecer, alguna vez
cubrieron un pequeño altar ahora desaparecido.
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Se
abandona la Cueva del Santo para dirigimos al sur
a la evidente Collá La Muria (1.386
m), que como su nombre indica, hace de límite
o frontera entre las tierras de La Pola y Llombera.
Para ello transitamos en diagonal descendente entre
roca muy suelta por una ladera bastante inclinada.
Una vez en la collada, torcemos al E. para coger un
sendero apenas marcado, que entre escobas y espinos
nos lleva en pocos minutos a la hermosa vega
de Samés (1.300 m), donde
se puede descansar junto al refugio
levantado en época reciente por Montes y beber
en su fuente situada a escasos metros de su puerta.
Samés, es un magnífico espectáculo
para la vista, y tener tan cerca el altivo Cueto enamora
el ánimo. Por si ello fuera poco, cuenta además
con un hermoso faedo a tiro de piedra, el llamado
Faedo Chafariza,
que se agarra a la umbrosa y vertical pared norte
de la peña de su mismo nombre.
Desde aquí se divisan dos rutas alternativas
para subir o bajar del Cueto, la mencionada canal
de la Vara Estrecha y la
Cuencha de La Llera.
La primera es una estrecha tajadura situada en la
parte más alta de la pared
que mira al sur y a la que se puede acceder desde
aquí superando primero un
lleral muy descompuesto (pedrero) y que convierte
su ascensión en una
verdadera tortura, donde das dos pasos voluntarios
hacia arriba y uno
involuntario hacia abajo; por lo que es preferible
utilizarlo como ruta de
descenso. La única dificultad en ese caso,
consiste en encontrar la entrada
desde la cumbre y los primeros metros una vez dentro
de ella, pues se deben
utilizar las manos.
La segunda,
es una ancha y larga canal, que nace casi en la misma
cumbre y
que se desploma cubierta de "llera" suelta
(piedra) -haciendo honor a su
nombre- por su ladera E, la que mira hacia Llombera
y con tendencia hacia la
vega de Samés. Se transita por cualquiera de
sus bordes, donde las piedras
dejan sitio a la roca compacta y fácil.
Es hora del retorno, así que salimos de Samés
encaminándonos hacia la corte
de nueva construcción existente en su extremo
E, de donde parte un camino a la derecha que bordea
el lindero inferior del faedo Chafariza para descender
raudo a Vega Fonda.
De frente, sigue un tramo que aún se conserva
del antiguo camino que llevaba hasta Collalampa. Nos
adentramos en él entre rebollas y al poco es
sustituido por la pista de la escombrera, por donde
caminamos ahora por terreno ya transitado, hacia la
Collá Gustillo y Llombera.
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