Se
solía jugar en la era redonda, en las Murias, detrás
de la casa de Carmen, detrás del cerezal en la Forga,
esto de jugar allí era por una razón, pues
como era un juego en el que se podía estropear el
terreno pues tenían que jugar en donde no hicieran
daño .
Para
saber quien era el niño que “apochinaba”,
se ponían todos en hilera y cada niño con
su palo lo situaba de punta encima de la puntera del pie,
sujetándolo con la mano por el otro extremo y de
uno en uno iban lanzando con fuerza el pie hacia adelante
y el que menos lo lanzara era el que “apochinaba”.
Cada guaje tenía su palo que media unos 80 centímetros
y cada uno hacía un agujero en el suelo al que llamaban
"concha" como un puño de grande
mas o menos, picando con su propio palo, y junto a el ponía
una piedra para señalizar donde estaba (pues en una
era grande se podía no ver bien).
El que “apochinaba” era el que tenía
la bigarda era un palo mas pequeño de una cuarta
más o menos y comenzaba por orden a tirar la bigarda
hacia un niño. Este le tenía que dar con el
palo que traía y lo más fuerte posible para
mandar la bigarda lejos pues
así el que apochinaba tenía que ir a buscarla
y mientras tanto los demás niños iban al agujero
del que apochinaban y se lo picaban con sus palos
haciéndoselo más grande quitando todo el tapin
posible con el fin de recogerlo para ellos; porque si luego
alguno de ellos perdía, tendría suficiente
tapin (al que se llamaba “carne”) para tapar
su agujero "concha" y si sobraba tapin
se dejaba junto al agujero "concha"
Si algún niño no conseguía tapar el
agujero por falta de “carne” los otros
niños se liaban a tirarle tapin a la espalda.