Inicio
Historia
Situacion
Tradiciones y Costumbres
Cuentos  Canciones y Dichos
Flora y Fauna
Rutas y Senderismo
Fiestas
Nuestras  Gentes
Fotografias
La  Mina
Lugares  Interesantes
Toponimia
Comarca  de  Gordon
Foro
Lexico
Club 4x4  El  Cristo

El Calvo

Volver
   

El calvo era un palo de tres patas de madera o trípode y se hacía de maderas duras, en Llombera solían de ser de sardón y de espino, menos frecuente de roble.
En sus orígenes era un juego de pastores, los niños iban la mayoría con las vacas y los que no tenían iban a jugar igual pues eran minoría. Los palos eran los que llevaban para "arrearlas" y también eran de maderas duras para que no se rompieran con facilidad, podían ser tan gordos como el mango de un escardillo.


También se solía jugar en la carretera junto a la Casa de la Escuela, se subían al muro de las escuelas, ponían el palo de punta encima del pie y lo lanzaban lo más lejos que podían, el que más lejos lo hubiera lanzado era el primero en probar suerte y así sucesivamente, pero el que menos lejos lo hubiera lanzado éste es el que se quedaba de calvero.

Este niño que tenía la misión de “calvero” era la de custodiar el mismo con una vara de avellano como de dos metros más ó menos.

Comienzo del juego:
Se hacía un circulo grande y dentro se ponía el calvo y a una distancia de unos 15 metros más o menos, se tiraba con el palo al calvo y el juego consistía en sacarlo del circulo.

Cuando un jugador tiraba el calvo, el calvero tenía que levantarlo dentro del círculo, momento que aprovechaban los demás que habían errado el tiro para recoger el palo, ahora bien si lo conseguía y los jugadores no habían pasado la raya desde la que se tiraba (como la mayoría de otros juegos), podía perseguirlos y si antes de pasar les tocaba con la vara, el tocado pasaba de ser tirador a ser calvero.

Depende del sitio en que se jugara, el calvero solía "apochinar" toda la tarde, principalmente porque al empezar el juego ya era el más débil y por eso "apochinaba".
Muchas veces se jugaba en Las Murias y como estaba en cuesta, los palos que se tiraban y no acertaban iban a parar lejísimos del calvo, por lo que era fácil recuperar el mismo sin ser cazado.

Webmaster: Belen
Carreteras
El  Tiempo