Urbano
y Alejandro
García García; Dulzaineros en Gordón.
Naturales de Llombera, que además de hermanos les
unía la pasión por la MÚSICA.
Su
afición por este arte se remonta a su infancia y
nace en los montes y prados de este paraje singular, vinculado
a las labores de pastoreo.
Largas
jornadas en el monte agudizaron el ingenio de estos dos
artistas, su creatividad les empujó a “inventar”
algo para pasar mejor el tiempo.
Alejandro,
el gaitero, experimentando con una planta silvestre, localmente
denominada “gamón, gamones, gamonetas”
comenzó a soplar y a emitir sus primeros sonidos.
A Urbano,
el tamboritero, se le ocurrió coger dos palos y sobre
una lata de sardinas vacía comenzó a dar golpes.
A pesar
de que ninguno de ellos tenía formación musical,
su buen oído les facilitaba mucho el reproducir melodías
que escuchaban en la radio.
Pronto
se dieron cuenta de que se acoplaban perfectamente y uniendo
sus dotes musicales comenzaron a pensar en formar una pareja
de músicos.
Su
entusiasmo y dedicación ayudaron a estos dos artistas
a no abandonar su afición. Y ya en la edad adulta
consideraron la posibilidad de adquirir una gaita y una
batería; y así poco a poco comenzaron su andadura
musical, creando un salón de baile en el pueblo,
situado en el centro, en la calle Emilio del Valle.
Desconocemos como adquirieron su primera gaita, pero si
sabemos que fue en la fragua de la mina donde hicieron la
primera batería.
El
salón durante la semana era el lugar de ensayo y
el domingo abría sus puertas a la mocedad del pueblo.
También este lugar era empleado para la representación
de obras de teatro en las que participaban otros jóvenes
del pueblo.
Mientras
Alejandro, el mayor de los hermanos, y Urbano, el mediano,
tocaban; Cipriano el más pequeño se encargaba
del cobro de las entradas y de mantener el orden en el local.
Asímismo
sabemos que su presencia era solicitada en los pueblos de
la zona durante las festividades.
Nos
cuentan que en una ocasión viajaban en tren a un
pueblo de la montaña, durante el trayecto, a la altura
del “Tueiro” se les escapó el bombo rodando
y Alejandro se lanzó a cogerlo. El tren continuó
su marcha y al llegar al destino, Urbano se sobresaltó
al advertir la ausencia de su hermano. Una de las pasajeras
le comentó el incidente. Alejandro llegó a
pie cargando con el bombo y su pantalón roto.
También
sabemos que en las celebraciones del pueblo, la fiesta del
Cristo, tocaban así como en la celebración
de la misa.
Su repertorio no era muy amplio pero lo repetían
con frecuencia y como anécdota mientras tocaban decían:
“Si no hay forasteros…. Siempre
la misma”
Tocando
y tocando transcurrió su vida, entre música,
entusiasmo y alegría.
En
el año 1986 el pueblo de Llombera en agradecimiento
a su labor les hizo un homenaje durante el cual sus respectivas
nietas les entregaron una placa conmemorativa con la siguiente
inscripción:
El
pueblo de Llombera con cariño